Carnaval de Lima

¿Cuándo se comenzaron a celebrar los carnavales en Lima?

Libros del antiguo cabildo de Lima nos recuerdan que desde 1544 se celebraba en la capital la fiesta del domingo de Cuasimodo. Ésta era una fiesta carnavalesca en la que los negros salían pintados y con máscaras de diablos para realizar danzas eufóricas y representaciones coloridas que tenían lugar al término de la Cuaresma y cerraba el ciclo del carnaval.

Aquellos carnavales tuvieron origen en Europa, hacia los siglos XII o XIII, probablemente en la ciudad francesa de Niza. En aquella época, se desarrollaba en los tres días previos a la Cuaresma, un periodo en el que debía guardarse cuarenta días de ayuno y recogimiento.

De la misma forma se celebraría en nuestra capital. Tres eran los días en que limeños de distintas clases sociales salían disfrazados, enmascarados o con los rostros pintados a jugar en las calles lanzándose agua con baldes o jeringas de zinc. También utilizaban el chisguete de agua perfumada y los cascarones de huevos.

Sigue el ‘Minuto a minuto’ del Carnaval de Lima 2020

Carnaval de alegría, risa y baile

Prácticas y rasgos significativos de esta festividad y de la cultura popular limeña, como la alegría desbordante, la risa y el baile, empiezan a asociarse con lo criollo y a ser símbolo de nuestra identidad nacional.
Los carnavales permitían que hombres, mujeres, niños, gente de cualquier edad en general, actuaran con toda la libertad para expresar sus emociones, desbordando una mezcla de humor, picardía y libre expresión durante los 3 días que duraba dicha celebración.
Para la década del 20 se daría énfasis en la necesidad de celebrar un carnaval más atractivo y elegante como los que se realizaban en Niza, Roma o en otras poblaciones de Europa. Dicho proceso de transformación del carnaval se concretaría a partir de 1922, durante el segundo gobierno del presidente Augusto B. Leguía.

Sería para esos años que las calles dejarían de ser el espacio para entregarse al combate de los globos de agua, convirtiéndose en un escenario principal para observar el espectáculo de los carros alegóricos y las reinas de belleza, las cuales eran actividades organizadas por la Municipalidad. Al mismo tiempo, las fiestas de carnaval se realizaban en los clubes o casas de familia. Eran muy famosas las fiestas de fantasía que se realizaron en los balnearios de Ancón, La Punta y Chorrillos.

Final de una tradición

Todas estas manifestaciones se erigieron en símbolos de los gloriosos años 20, y así posteriormente para las décadas siguientes. Para la década del 50 el Presidente Manuel Prado Ugarteche, a través de su Decreto Supremo del 25 de febrero de 1958 prohibiría los tres días de celebración, volviendo laborables los días lunes y martes anteriores al miércoles de ceniza y limitando el juego de carnaval en todo el Perú a sólo al primer domingo de febrero, que luego se extendió a todos los domingos del mes.

Es así como podemos considerar al carnaval como una celebración capaz de unir la participación de sectores altos y medios de la sociedad a fin de poder compartir una verdadera fiesta de la cultura criolla, una convivencia que se experimentó en los espacios habitacionales de los callejones, donde compartieron las festividades religiosas, celebraciones familiares y, sobre todo, el surgimiento de las jaranas criollas en las que es común encontrar la referencia a los mulatos y zambos bailando la zamacueca y tocando la guitarra y cajón.

Asimismo, la incorporación de los corsos, concursos de reinas de belleza y concursos de disfraces, fue también integrándose y formando parte de esta formidable festividad.

A 60 años de su última edición, la Municipalidad tiene como objetivo recrear, exhibir y dar a conocer al público de la ciudad de Lima, del país y por qué no también del extranjero, cómo fueron los Carnavales en Lima y todo ello con el fin de proyectarse un espacio de encuentro entre los limeños, así como el contribuir a reforzar los lazos de identidad dentro de la ciudadanía.